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Noveno Día - De Montañita a Guayaquil

Este es un relato real que avanza en sentido contrario. Un cuento que avanza hacia el pasado. Un texto que avanza retrocediendo. Es nuestra experiencia de días pasados en Ecuador, comenzando del último día hasta que lleguemos al primero.

Y el noveno día, que para efectos de nuestro sistema de referencia viene a ser el segundo, estaban los dos cansados, tirados y desarmados en la cama del hotel Suites Madrid en Guayaquil. La cabeza de él encima del estómago de ella, en una posición de cariño y ternura típico de ellos dos: Natalie le hace cariño en la cabeza a Juan, quien rápidamente se va quedando dormido sin darse cuenta. Han llegado al hotel cerca de las 23.00 hrs. luego de no entrar a la fiesta en que la hija de María celebraba sus 19 años. Dijeron estar cansados. Habían comido y bebido cerveza hacia el final de ese día en Resaca, un bar ubicado en el centro del Malecón 2000, cerca de la entrada que viene por la calle 9 de Octubre.

Estaban realmente agotados, pues temprano en la mañana hubieron de despertarse para tomar el bus que sale a las 10.00 de Montañita rumbo a Guayaquil. Ése era el bus que tenían que tomar pues las tres horas de viaje, indicaban que llegarían a las 13.00 hrs. ideal para almorzar, tomar un taxi rumbo al hotel, descansar un breve instante para ir a realizar las compras propias que tiene todo viaje hacia el final, con el afán de llevar recuerdos a los queridos. Un bus de origen chino, un viaje de US$5 dólares, una película en que Tom Hanks cuida una prisión de reclusos condenados a muerte (silla eléctrica) y en ella un hombre, alto y negro, tiene poderes especiales, y varios extranjeros de aspecto europeo fueron el escenario en tránsito de la despedida de Montañita, un balneario pequeño, bien hippie, con surf, mucha artesanía, carrete y ricas comidas que recibió de lunes a sábado a estos dos viajeros.

Por la mañana pagaron lo adeudado, tomaron desayuno y se fueron del hostal Kundalini, un sitio de habitaciones pequeñas, muy cómodas, con baño privado y agua caliente, que está justo frente a la playa, de tal manera que sales de tu habitación, transitas 10 metros y ya estás en la arena próximo a entrar en el agua tibia. Con un precio por noche de US$24 dólares, fue la casa que los dos pasajeros nacidos en Chile, habitaron durante una semana de relajo, esparcimiento, cervezas y paseos.

El noveno día fue el comienzo de la vuelta a Chile, la despedida de Montañita, el último paso por Guayaquil para estar en el Malecón del Salado, y hacer el intento de carretear en el Barrio Rosa.

Noveno, día en tránsito. La nostalgia dejaba su huella perenne. Guayaquil comenzaba a cerrar su relato y callecitas. Montañita, algún día volverán los amantes a estar sin ataduras otra vez.

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